26 abril, 2015


Dibujos realizados en los debates públicos de la Casa de las sobre folio arrugado.Conchis. Boli bic 

El dragón es una de las formas de vida más complejas que de la que tenemos constancia, desconocemos cual su origen. Pero si ha tenido que evolucionar desde las condiciones primigenias que se dan en un planeta, hasta los extremos que se desarrollan en el espacio exterior, se debe tratar, sin dudarlo, de una de las entidades orgánicas más antiguas que pueden existir.
Su extraordinaria capacidad física le posibilita habitar una franja de espacio que va desde la órbita de mercurio hasta el cinturón Clíper. Su principal fuente de alimentación la obtiene de los asteroides, es capaz de sintetizar los compuestos que necesita directamente de la degradación de estas rocas estelares. Por así decirlo, es un comedor de piedras.

En el proceso de adaptación a la vida en el espacio ha desarrollado, entre otras cosas, unas enormes alas recubiertas de una fina capa de polvo de oro, y esto junto a un cuerpo delgado y flexible, le ha posibilitado para desplazarse por el espacio aprovechándose de la corriente de partículas que se forma por el viento solar.
Sus enormes alas a modo de vela, su tronco de de serpiente actuando de contrapeso y las deflagraciones producidas por eyecciones de gas que emanan de sus branquias y garganta, constituyen el mecanismo para propulsarse y alcanzar las altísimas velocidades que son necesarias para desplazarse en el espacio interplanetario.

A diferencia de la vida que conocemos en la tierra, las moléculas de su estructura celular son bastantes más grandes y pesadas, lo cual genera que la propia química de su organismo este ralentizada en comparación con la nuestra. Pero esto a su vez le garantiza la protección necesaria para poder resistir la intensa radiación que hay en el espacio. Si no fuera por esto, su ADN se degradaría por el constante bombardeo de partículas, sus células se quebrarían por las temperaturas extremas y su existencia se haría inviable.

Al ralentizar su bioquímica, también ha ralentizado su respuesta nerviosa, o dicho de otra manera: Su escala temporal está más dilatada. El dragón vive en un presente que a nosotros nos parecería que se desarrolla a cámara lenta. Tarda más en elaborar un pensamiento (entendido como una imagen mental)
El dragón vive a la escala de su propio contexto, dentro de una existencia que abarca cientos de años. Pero es capad de ver el universo como un ente dinámico y cambiante. En su mundo, el movimiento de los astros es totalmente apreciable a simple vista, el universo para él no es una foto fija en el firmamento sino un espectáculo en constante movimiento y transformación.
Por eso, el dragón se guarda de internarse mucho en nuestro mundo. No es porque sea menos inteligente, todo lo contrario, la suya es una inteligencia que no se basa en la tecnología, sino en la adaptación al ritmo natural y en la evolución de la propia vida, no necesita apoyarse en la ciencia, por eso se vuelve tan vulnerable en la tierra.
En el pasado cuando nos encontramos con los dragones, después de la reacción inicial de pánico y de las dificultad de comunicación, devenía la inevitable confrontación.
A los dragones les es muy caro el oro; lo asimilan en su metabolismo. El oro es por su resistencia a la degradación, su nutriente más preciado, huelga decir lo que esto supuso para su relación con la humanidad.
Los dragones hace mucho tiempo que abandonaron la idea de intentar entablar algún contacto con nosotros, en la esperanza, de que la necesaria adecuación a las condiciones de la expansión por el espacio, termine por hacer a la humanidad receptiva, y forzosamente favorable, para comenzar una nueva etapa, marcada por un acercamiento progresivo a otras formas de vida.